Matthew Barney [The Cremaster Cycle]

Publicado: julio 5, 2010 en Culto, Memorias

Matthew Barney es un artista multimedia que no cree en la diferenciación entre disciplinas y busca siempre combinar en sus obras todo tipo de técnicas y expresiones artísticas: instalaciones audiovisuales, esculturas, dibujos, fotografías, etc. El cremaster es un músculo del aparato genital masculino que mantiene suspendidos los testículos y permite su movimiento retráctil ante estimulaciones externas como cambios bruscos de temperatura, la excitación o el miedo. El encuentro entre estos dos elementos supone una gestación de ocho años de un fastuoso ciclo compuesto por cinco películas y cientos de diseños, dibujos, esculturas, reproducciones, prendas de ropa y objetos destinados a ser expuestos una vez utilizados para la realización de los films. Sin la intención de seguir un orden cronológico en el rodaje y exhibición de los episodios del ciclo ni en su duración —va de los 40 minutos de Cremaster 1 hasta los 182 de Cremaster 3—, Barney crea toda una serie de universos impactantes, bellos, barrocos y agobiantes para exponer su visión de la traumática experiencia que conlleva la ruptura de un equilibrio original. Para ello se sirve de las nueve semanas que suele tardar en aparecer la distinción sexual en un feto desde que es concebido, siendo esta representada por el descenso del cremaster dentro del organismo. En Cremaster 1 el músculo estaría en su posición más alta, lo que establece una situación de equilibrio donde no existe la diferenciación genital; en Cremaster 5 el cremaster termina de descender y aparecen los testículos. Barney ve todo el proceso como un camino traumático donde el organismo intenta retomar su posición de equilibrio inicial, que es representada con la jovialidad, alegría y ligereza de un baile de animadoras, frente a la fatalidad y pesadumbre del último episodio, realizado con las formas de una ópera trágica.

Cremaster 1

Como marco del primer capítulo de su obra el director elige el Bronco Stadium de la localidad de Boise, en Idaho, donde él mismo jugó durante su adolescencia. Este episodio presenta el momento de máxima ascensión del cremaster, la indiferenciación sexual primaria. Para resaltar la ausencia de una identidad masculina todos los personajes son femeninos y, consecuentemente, este es el único film donde Barney no interpreta a ningún personaje. La alta posición del cremaster viene representada por el vuelo de dos dirigibles de Año Nuevo —que ya dan la bienvenida a algo nuevo que está naciendo, la identidad sexual del feto— en los que, simultáneamente, se encuentra la protagonista del episodio. La dualidad de este personaje indica una situación de potencial, en la que el feto puede terminar siendo de sexo masculino o femenino. La película concluye con la configuración, mediante uvas y su correlación con las bailarinas, de una estructura gonadal andrógina, de sexo indeterminado, y con la protagonista sentada en un trono esperando plácida y delicadamente el inicio del proceso de transformación.

Cremaster 2

Pero la diferenciación no es un camino tan fácil y placentero, Barney da a toda ruptura de un equilibrio establecido dosis de violencia fruto de los esfuerzos del organismo por detener el proceso. Este segundo capítulo refleja esos intentos de echar atrás el proceso ya iniciado con la narración paralela de dos historias muy distanciadas en el tiempo. Por un lado está Gary Gilmore, un mormón sentenciado y ejecutado en 1977 por el asesinato del encargado de un hotel y el empleado de una gasolinera de Utah. El caso gozó de una grandísima repercusión mediática en su país al tratarse de la primera ejecución en Estados Unidos tras la reinstauración de la pena de muerte el año anterior; los mormones también se vieron muy salpicados por el escándalo debido a que las víctimas de Gilmore eran de su misma confesión. Por otra parte está la recreación de la actuación del mago Houdini en la Exposición Mundial de Chicago de 1893. La relación que establece Barney entre estos dos personajes viene dada por afirmaciones de la abuela de Gary Gilmore asegurando haber mantenido relaciones con el famoso mago húngaro, lo que le convertiría en abuelo del asesino. Esta correlación, que permite a Barney explorar algunos de los símbolos mormones —y recrear digitalmente al Coro del Tabernáculo Mormón— tiene como objeto establecer una analogía con la vida de las abejas. Concebido como un zángano, destinado a morir tras aparearse con la reina abeja, Gilmore no puede escapar de su trágico destino —de la misma forma que el feto no puede escapar de su diferenciación sexual—; sin embargo, Houdini, al haber desarrollado su capacidad de metamorfosis para liberarse de las cadenas que le sujetan durante sus actuaciones, puede intentar cambiar su sexo y ambicionar el poder de la Reina, presentada en la película como la abuela de Gilmore y representación del estado no masculino del feto, por lo que ésta intentará seducir a Houdini para detener el proceso de bajada del cremaster, su pérdida de poder.

La importancia de los escenarios y los paisajes que rodean a los personajes es determinante a lo largo de todo el ciclo. Para recrear la ejecución de Gilmore, Barney decide rodarla en un rodeo enclavado en las Llanuras de Sal de Bonneville, mientras paralelamente Houdini lleva a cabo su número de escapismo. Pero el paisaje más importante en este Cremaster 2 son los impresionantes glaciares de Columbia Icefields, bellísimamente fotografiados y muchas veces presentados como imágenes especulares que transmiten la idea de la simetría que está siendo rota por el descenso del cremaster. Pueden ser las imágenes más evocadoras de todo el ciclo, y las que mejor expresan la situación de equilibrio que se pierde con el transcurso de los episodios. El movimiento cíclico de avance y retroceso al que nos hemos referido antes también está apuntado por una pareja que baila la danza tejana de dos pasos, uno hacia delante y otro hacia atrás, exactamente igual que el ritmo que da Barney a la película con su montaje paralelo. No obstante, la narración circular de esta historia, plagada de flash-backs y flash-forwards, solamente es una muestra del estilo narrativo que impera a lo largo de todo el ciclo.

Cremaster 3

Cremaster 3 es el episodio central del ciclo y el más ambicioso tanto temáticamente como en duración. Además, fue el último en ser rodado, por lo que su impresionante majestuosidad encierra todas las obsesiones y puntos clave del conjunto de la obra. Su estructura circular gira constantemente en torno a dos números: el tres y el cinco. Es el tercer capítulo, trata tres temas principales: la construcción en 1930 del edificio Chrysler en Nueva York, la participación de la mafia masona-irlandesa en la industria de la construcción de la época y la leyenda celta que narra la formación del Paso de los Gigantes (Giant’s Causeway) en la costa irlandesa y el nacimiento de la Isla de Man, tres son los grados de aprendizaje masones… En cuanto al 5, como consecuencia de su exploración de la idea de narcisismo, este episodio aparece repleto de referencias simbólicas al los cinco capítulos del ciclo: cinco coches Chrysler Crown Imperials embisten a un Chrysler Imperial New Yorker en el hall del edificio, cinco caballos (cadáveres) corren en el hipódromo —cada uno ataviado con el emblema de un episodio—, cinco son los niveles que debe superar el aprendiz en The Order, representando los cinco puntos del compañerismo masón, al final el arquitecto lleva cinco ramilletes de flores relacionadas cada una con uno de los filmes, etc.

Simbolismos numéricos aparte, Cremaster 3 logra mediante la combinación de sus imágenes una admirable sucesión de atmósferas del todo contrapuestas: desde el frío sabor mitológico de la costa irlandesa hasta el agobiante y aterrador espacio de tierra debajo del edifico Chrysler, pasando por su inquietante hall, el relajador pub y la festiva secuencia The Order rodada en el Museo Guggenheim de Nueva York. ¡Si hasta hay una brillante escena de pura comedia slapstick donde entran en juego cerveza, espuma, la inclinación del edificio producida por trozos de patata (!) y un gato!

La presencia de Irlanda se hace fundamental por la gran cantidad de obreros irlandeses que trabajaron en la construcción del edificio Chrysler. La simbología irlandesa se entremezcla con la masona en casi cada esquina de la película. Los colores verde y naranja, pertenecientes a su bandera, dominan muchas veces la imagen; la banda sonora, de reminiscencias celtas, incluye canciones cantadas en gaélico por el tenor irlandés Paul Brady. Además, el pub del edificio donde el camarero intenta infructuosamente servir una Guiness al aprendiz interpretado por Matthew Barney —de descendencia irlandesa— tiene una apariencia típicamente irlandesa.

cremaster

La historia de Cremaster 3, pese a encontrarse parcialmente alejada de la temática biológica del ciclo, es de lo más interesante. Presenta a Barney como un masón aprendiz que trabaja en la construcción del edificio Chrysler y que ansía llegar al grado de Jefe Masón, simbolizado por el arquitecto del rascacielos. Su camino hacia el mayor grado de la masonería es ascender el propio edificio hasta el último piso, donde debe encontrarse con el arquitecto. Sin embargo, un grupo de masones mafiosos intentarán neutralizarle para impedir que suplante a su jefe. Para conseguir su objetivo el aprendiz deberá ir superando una serie de pruebas y grados de aprendizaje, representados por los niveles de The Order, siendo el más importante de ellos el tercero, correspondiente al Cremaster 3 —el narcisismo de nuevo—: Barney debe enfrentarse a un personaje conocido como la novicia, es decir, a su propio proceso de aprendizaje, que, casualmente, está representado por una mujer, por lo que, en la lógica del ciclo, la diferenciación sexual estaría luchando por última vez contra la vuelta al equilibrio original. Finalmente, el aprendiz mata a la mujer asestándole golpes con tres herramientas diferentes como un martillo o una paleta, símbolos de la masonería. Al mismo tiempo que acaba con la novicia en The Order, golpea también al arquitecto en lo más alto del rascacielos Chrysler, justo debajo de su aguja. Momentos antes el arquitecto había sufrido una singular comunión con el edificio, una definitiva unión entre el autor y su obra, por lo que, en un último intento de defensa, el propio rascacielos se rebela contra el aprendiz y hunde la base de su aguja en su cabeza.

Con este trágico e intrigante final termina Cremaster 3, no sin antes concluir el mito celta que explica la génesis de la Isla de Man, que será el único escenario de Cremaster 4.

Cremaster 4

Este cuarto episodio también presenta una relación muy estrecha con el número que le corresponde dentro del ciclo. Para empezar, se desarrolla enteramente en la Isla de Man, que se encuentra encerrada entre cuatro regiones: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda. Su protagonista representa a un humanoide carnero Loughton (Loughton Ram), una especie autóctona de la isla que tiene cuatro cuernos. La película retoma la dimensión biológica del ciclo y presenta el enésimo deseo de vuelta al equilibrio, ahora ya una vez que el descenso del cremaster y la asunción de la masculinidad son inevitables. Por ello, retomando la estructura de avance y retroceso dada por la danza tejana de dos pasos en Cremaster 2, Cremaster 4 utiliza los conceptos de subida y bajada, ascensión y descenso. Dos equipos del campeonato de motociclismo Tourist Trophy de la isla representan dichas ideas, iniciando una carrera a lo largo de la isla uno hacia arriba y otro hacia abajo. Simbolizando el ascenso o descenso del cremaster, el equipo que toma el camino de subida sufre un accidente y choca contra una pared de tierra; en cambio, el equipo descendente cambia una rueda por otra de apariencia carnosa de la que cuelgan dos testículos: el camino de bajada, el equipo ganador, lleva directamente a la masculinidad. En el tramo final se muestra la formación del escroto mediante la separación de los testículos, que aparecen envueltos en vaselina y manipulados por herramientas metálicas que llevan a cabo la operación.

Cremaster 5

El quinto es el capítulo representado de forma más trágica y agónica, dado el tratamiento que da Barney a la formación definitiva de los testículos y consecución completa de la diferenciación sexual, como la pérdida irremediable de la placentera situación anterior. Es por eso que el tono es duro y solemne, con abundantes gotas de melancolía sonoras y visuales. La Reina de la Cadena es el personaje principal, quien se lamenta cantando su recuerdo del momento en que se despidió de su amado, dispuesto a arrojarse al río Danubio desde un puente. Mientras canta desgarradoramente en el Teatro Nacional de la Ópera de Budapest, por los Baños Gellert de la ciudad deambula un personaje masculino al que unas hadas atan unas cintas al escroto. Las cintas sujetan una serie de palomas, que en el climax final comienzan a volar y tirar de las cintas, haciendo que el cremaster del hombre llegue al final de su recorrido y sus testículos caigan, sumergiéndose en el agua de los baños. Es en ese momento cuando la Reina rememora el salto al vacío de su amado, supuestamente un mago ilusionista -recuerdo de la aparición de Houdini en Cremaster 2- que buscaba la inmortalidad. La evocación hace que la Reina colapse y caiga al suelo. Tras derrumbarse, pierde el sentido y se prepara para reunirse con su amado: líquido sale de su boca y cae sobre los baños, ficticiamente situados debajo del teatro. Al caer, la gota se divide en dos, como la división testicular que acaba de tener lugar. Un mar de perlas cubre toda la imagen, recordando a las uvas que aparecían en Cremaster 1 como materia prima para formar la identidad sexual, completando de esta forma la naturaleza circular del ciclo.

Espacio y tiempo

Ya hemos señalado varias veces que el Cremaster Cycle presenta una estructura circular. Muchas veces estos círculos de ida y vuelta se encuentran entrelazados, como en el caso de Cremaster 2, donde la actuación de Houdini en Chicago en 1893 aparece mediante pequeñas pinceladas durante la historia del arresto y ejecución de Gilmore en 1977 y domina toda la parte final de la película. Barney no parece dar demasiada importancia al carácter cronológico del tiempo, como ya indica el desordenado orden de rodaje de los episodios del ciclo, para él lo importante son los acontecimientos, no el momento en que se producen. Lo mismo se podría decir del espacio, pues los distintos escenarios siempre parecen estar interconectados entre sí, lo que propicia la capacidad de omnipresencia y duplicidad en muchos personajes: la protagonista de Cremaster 1 se encuentra a la vez en cada uno de los dirigibles y en el estadio debajo de ellos, en Cremaster 4 tres hadas realizan múltiples actividades en distintos lugares al mismo tiempo, vestidas de distinta forma en cada escenario. La falta de preocupación por la coherencia espacial tiene su punto álgido en Cremaster 3 cuando el aprendiz es atacado por los esbirros masones de la mafia. En vez de situar la acción en el pub irlandés del rascacielos, Barney la encuadra en un hipódromo en Saratoga Springs, exclusiva ciudad balnearia que en los años 30 era lugar de reunión de muchos miembros de la mafia cuando estaban en plena huída de la justicia. El golpe que dan al aprendiz contra la valla en Saratoga le hace sangrar inmediatamente en el pub del Chrysler. Este cambio de escenario, además de darnos una mayor información sobre la implicación mafiosa de los masones que aparecen en la película, aporta frescura a la imagen por el cambio de escenario y, sobre todo, un punto de fuga de la historia que requiere la atención del espectador y, quizás, su desconcierto, una cualidad muy valiosa que el arte visual no debería olvidar con tanta facilidad.

cremaster

Duplicados

Una de las obsesiones que recorren Cremaster Cycle es la voluntad de reproducción, la reinvención de determinados acontecimientos. No solamente se trata de la narración del patético periplo vital del asesino Gary Gilmore llevando hasta el extremo las referencias autobiográficas a su persona, ni la acertada recreación del mito celta de Fionn y Fingal: en Cremaster 3, la relación entre el aprendiz y el arquitecto, además de simbolizar el camino recorrido por el músculo escrotal y el proceso de iniciación masón, pretende recrear algunos puntos clave de la leyenda fundacional del masonismo: el asesinato de Hiram Abiff, quien trabajó en la construcción y decoración del Templo de Salomón. Hiram fue asesinado por tres de sus compañeros -el aprendiz es atacado por tres mafiosos-. Abiff también es conocido como el autor de las dos columnas de la entrada del templo, en la película el arquitecto levanta dos columnas mediante piezas de metal para ascender hasta el techo del rascacielos. Muchas veces el personaje principal del capítulo también aparece duplicado: Gary Gilmore pretende ser una réplica de Houdini, y el mago que aparece en Cremaster 5, aparte de representar a Houdini y rememorar el fin de su relación con la Reina Abeja de Cremaster 2, tiene un doble en el teatro donde canta la Reina de la Cadena. Este doble, que escala la pared del teatro, cae al suelo y se rompe la cabeza contra el suelo en el mismo momento que el mago salta del puente en el espacio etéreo evocado por la Reina a través de su memoria. Un perfecto ejemplo de la interrelación entre espacios reales e imaginados, tiempos presentes y pasados y personajes duplicados. Estos juegos de identidades pueden servir para potenciar la familiaridad del espectador con los personajes del ciclo, pero un artista como Barney no piensa primordialmente en hacer su obra más entendible, por lo que seguramente habrá que decantarse por interpretar que se trata de un ejemplo más de dos identidades que coexisten, caminos diferentes pero iguales en esencia, que representan la doble potencialidad sexual del feto aún no formado.

Referencias, simbolismos y hermetismo

Cremaster Cycle es una obra que sustenta la mayor parte de su atractivo en la capacidad evocadora —y sorpresiva— de sus imágenes, no cuenta una historia lineal que mantenga la atención del espectador, ni busca su identificación con personajes estereotipados que tienen intensos sentimientos o sufren grandes emociones. No hay diálogos, salvo en la parte final de Cremaster 2. La narración de Barney, pese a su cualidad circular y profusión de flash-backs y flash-forwards, es clara y fluida en su presentación de distintas acciones en escenarios diferentes mediante el uso continuado de montajes en paralelo. Siguiendo un esquema muy similar en todos los episodios, primero presenta de forma intrigante pequeños fragmentos del personaje, objeto o situación que pretende retratar -casi siempre planos detalle que se van sucediendo provocando la extrañeza del espectador-, para proseguir dando ya una visión general del conjunto que permite situar los elementos antes mostrados sólo sectorialmente. Una interesante propuesta que resalta por una parte el valor del detalle y, al mismo tiempo, la importancia de la visión completa y en perspectiva para captar, si acaso de forma menos imperfecta, la realidad de las cosas —algo muy practicado con brillantes resultados por Atom Egoyan en trabajos como Family Viewing (1987), Speaking Parts (1989) o El liquidador (The adjuster, 1991)—.

Los elementos que pueden hacer del ciclo Cremaster un plato más difícil de degustar son sus intrincados simbolismos, muy poco claros muchas veces y alejados de los referentes habituales otras tantas. Sin embargo, no se puede dejar de reconocer la labor de Barney para ensamblar todas las referencias que maneja de forma que puedan dar una visión coherente del ciclo biológico que pretende representar. Consigue dar la sensación de que todo tiene un porqué y que nada está dejado al azar o carece de significado, aun cuando este puede ser lo suficientemente retorcido o hermético como para averiguarlo tras sucesivos y confusos visionados. Es el caso del papel de algunos personajes, como la joven que corta patatas con sus zapatos en Cremaster 3 y acumula los trozos debajo de la estructura de la barra del pub irlandés desequilibrando el edificio. El director no suele dar ninguna pista al espectador, que debe estrujarse y reflexionar para encontrar una explicación razonable: ¿por qué el número destructivo de los Chrysler en el hall de Cremaster 3? ¿por qué le introducen al aprendiz en la boca los restos del coche en el que se había metido el cadáver que emergía del subsuelo del edificio? ¿metáfora de la autodestrucción de todos los elementos del ciclo —cinco coches— debido al sentido trágico que da Barney a la diferenciación sexual? ¿el cadáver femenino representa la ya perdida esperanza de una situación de equilibrio asexual? ¿se trata de Gilmore/Houdini finalmente metamorfoseado en mujer? Cada observador tendrá que elaborar su propia respuesta… o ausencia de la misma, lo cual también puede ser completamente válido.

En cualquier caso, queda claro que la voluntad de Barney no es que sus analogías sean fácilmente reconocibles o identificables, tanto por su hermetismo a la hora de exponerlas como por su capacidad para llegar lo más lejos posible en ellas, haciéndolas muchas veces ya inalcanzables. Por ejemplo, en Cremaster 2 la ejecución de Gary Gilmore es trasladada a las Llanuras de Sal de Bonneville, donde es rodeado por un grupo de diez jinetes de la policía montada. Cada uno de ellos lleva una bandera que representa a las tribus perdidas de Israel. Las tribus eran originalmente doce, las dos no perdidas son las de los descendientes de Judah, los judíos, como Houdini, y los de José, los mormones, como Gilmore. Como se puede ver, Barney intenta que casi cada elemento que aparece en su pentalogía fílmica tenga un significado preciso, y es tenaz en su empeño: para representar la identidad como zángano de Gilmore, aparece en Cremaster 2 un estudio de grabación donde zumba un enjambre de abejas mientras Dave Lombardo (de la banda Slayer) toca la batería y Steve Tucker (de Morbid Angel) grita por un teléfono también cubierto de abejas; esta secuencia simboliza la última voluntad de Gilmore, que pidió hablar por teléfono con el cantante Johnny Cash la noche anterior a su ejecución.

Funcionalidad

La aparición de los dos músicos anteriores es una muestra del meticuloso casting que ha llevado a cabo Barney para enriquecer a los personajes de sus películas con la esencia de los encargados de representarlos, siempre tratando de seguir una lógica basada en la funcionalidad: para el papel del arquitecto de Cremaster 3, nadie mejor que un arquitecto: Richard Serra; para el camarero que ha de cantar en galeico, contrata al tenor irlandés Paul Brady, etc. La atleta paraolímpica y modelo Aimee Mullins aparece en distintos papeles en Cremaster 3, siendo los más importantes los que tienen una relación directa con sus rasgos más característicos: la amputación que sufren sus piernas cuando representa a la joven que corta patatas en forma de cuña con sus zapatos, o su condición de atleta —récord de 100 metros lisos y salto de longitud en los Juegos Paraolímpicos de Atlanta 1996— cuando, interpretando a la novicia de The Order, se transforma en una mujer-guepardo, considerado el mamífero más rápido del mundo. Esta vuelve a ser otra muestra de la impecable atención que ha tenido Barney con todos los detalles referentes a la realización del ciclo, intentando conseguir siempre los elementos que más significado y posibilidad de dobles, triples o incluso cuádruples lecturas aportaran.

Música y sonidos

Tanto la música como la edición de sonido tienen una importancia fundamental a la hora de crear las distintas atmósferas de los capítulos del ciclo, muchas veces sirviéndose de la oposición entre sonidos agobiantes y ambientes tranquilos y relajados. Jonathan Bepler es el compositor de la música de todas las películas, salvo de Cremaster 4, la cual, aparte de una breve melodía de gaita al principio y al final, utiliza tan sólo los sonidos del motor de las motos, el zapateado del baile del protagonista, la campana que hacen sonar las hadas y el resuello de la brisa de la Isla de Man. El trabajo de Bepler combina jovialidad y ligereza — Cremaster 1— con composiciones más oscuras, atonales y cargadas de efectos —Cremaster 2—. En Cremaster 3 crea sonidos agobiantes y desestabilizadores mediante zumbidos prolongados y cuerdas deslizándose sostenidamente por tonos agudos. La verdadera joya la constituyen las composiciones con reminiscencias irlandesas que suenan fruto de la utilización de los cables del ascensor como las cuerdas de un arpa y el aire de su hueco modulado por la apertura de sus puertas: la unión de las gaitas con la voz de Paul Brany consigue crear una envolvente brisa musical majestuosa, que termina contrastando con el estruendoso y sostenido acompañamiento de la secuencia slapstick, también una combinación de gaitas, cuerdas y sonidos puntuales que van apareciendo suavemente hasta eclosionar en el caos de la escena. En el caso de Cremaster 5, la propia estructura y ambientación operística guían la música de Bepler hacia una trascendencia y fatalidad más orquestal. La Orquesta Filarmónica de Budapest traza el acompañamiento orquestal que encadena las emotivas arias que interpreta Ursula Andress cargada de sentimiento mientras recuerda su trágica relación amorosa.

El público frente a Barney

Como hemos visto, el Cremaster Cycle responde casi enteramente a la ambición y dedicación de una persona, Matthew Barney, su director, impulsor, protagonista —aunque no aparece en Cremaster 1 (recordemos que todos los personajes son femeninos) protagoniza el resto de películas e interpreta tres papeles diferentes en Cremaster 5—, escritor, diseñador, coreógrafo, en definitiva, todo un camino hacia la autoría integral. No conviene olvidar que Barney no se considera a sí mismo como un director de cine, sino como un artista multimedia que pretende aunar todo tipo de posibilidades audiovisuales en la creación de sus instalaciones artísticas destinadas a ser expuestas en museos o galerías. Las películas que conforman el Cremaster Cycle son una parte más del conjunto de objetos, dibujos y fotografías que completan el trabajo de Barney, de hecho, ellas mismas son, a su vez, el conjunto: el resultado final de la comunión de todos los elementos puestos en juego por el artista. Es por este motivo que el ciclo forma parte del basto cosmos de ese cine invisible paralelo a los caminos de distribución habituales, no es posible verlo fuera de proyecciones puntuales en galerías de arte, centros culturales, festivales de cine o filmotecas. Además, según parece debido a problemas derivados del opaco mundo del arte contemporáneo, no está previsto que el ciclo haga su aparición en formato dvd —sólamente existen los 30 minutos pertenecientes a The Order de Cremaster 3—, lo que restringe aún más su difusión. La aparente falta de narratividad —que no es otra cosa que una narración escondida o recóndita, pero en ningún caso oculta— de las obras de Barney puede inclinar a una gran parte del público hacia el tedio o el hartazgo que produce contemplar una serie de imágenes que carecen completamente de significado para uno mismo como espectador, pero lo cierto es que la capacidad cuasi-hipnótica y embriagadora de sus imágenes resulta en muchas ocasiones implacable. La obra de Barney es superlativamente personal, el recargamiento estético de su universo y la excéntrica viscosidad orgánica de las criaturas que lo habitan son dos elementos que van irremediablemente unidos a su visión del arte. Quien no quiera untar con parte de la abundante vaselina que nos ofrece su ciclo algunos engranajes neuronales y dejarse llevar por su imaginación, densidad semántica y asombro deberá buscar alternativas en otros conjuntos fílmicos.

http://www.cremaster.net/


© Daniel de Partearroyo, trendesombras.com y @DeCinePanorama. Julio 2010.

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comentarios
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