Carl Theodor Dreyer

Publicado: enero 28, 2010 en Uncategorized

Sólo he visto tres películas de Dreyer: Vampyr, Ordet y Gertrud. Y no me cabe la menor duda de que Ordet “La palabra” (1955) es una de las obras de arte más asombrosas que jamás se hayan hecho. La cinta fue expuesta en un homenaje al director danés que organizó la Embajada de Dinamarca en el Thyssen Museum y fue ahí donde tuve la gran oportunidad de verla. En un bellísimo blanco y negro, la luz y el detalle en los rostros y los objetos que juegan un papel básico en los espacios y los encuadres, recordándonos la pintura flamenca, arte admirado por Dreyer, con el que comparte el convencimiento de que, en los interiores, se consigue mayor dramatismo, y en ambos la quietud de su figuración nos enfrenta inevitablemente a la idea de la muerte. Es considerada una las cumbres del cine europeo de todos los tiempos. Ganó el León de Oro de Venecia en 1955.

“La palabra” supone la culminación del lenguaje cinematográfico de Dreyer, distanciado de un cine convencional que nunca entendió. La película narra un suceso excepcional en la vida de la familia de un viejo granjero danés, a principios del siglo XX; en un hermético mundo de inamovible temor de Dios, chocan las diferentes actitudes ante la fe, liberándose conjuntamente al producirse el hecho milagroso del final.

Más cercano a las artes plásticas que a la pura narración de historias, Dreyer plantea esta película como un torrente de espiritualidad, rodeándola de un ambiente místico en el que se interesa por tratar, por encima de todo, la inseguridad del individuo ante los caprichos de la fe y de la razón.

En la película de Carlos Reygadas “Luz Silenciosa” la escena final es tan similar a la de la cinta de Dreyer que la crítica se preguntó si era un homenaje al director o una simple copia; vale la pena mirar las dos cintas y crear una opinión.

Carl Theodor Dreyer hizo varios de los clásicos del cine internacional, renovó la estética y el convencionalismo dentro del cine para crear verdaderas piezas llenas de sensaciones y perfeccionismo, a tal grado que llegó a repetir escenas por que el curso de las nubes iba en la dirección incorrecta a la que él quería en ese momento. Su fidelidad a su vocación y gran pasión y el cine como expresión artística, hicieron que sólo hiciera las películas que pensaba debía hacer y cómo debía hacerlas.

Vampyr (1932) es una meditación surrealista sobre el miedo. La lógica cede el paso a las emociones y a la atmósfera en esta historia, en la que un hombre protege a dos hermanas de un vampiro. El filme contiene muchas imágenes inolvidables, como aquélla del héroe que sueña con su propio enterramiento, y aquélla otra del animal sediento de sangre sobre el rostro de una de las hermanas, mientras ésta se encuentra secuestrada bajo el encantamiento del vampiro. La película era originariamente muda, pero le fueron añadidos diálogos hablados mediante doblaje.

Si bien su carrera duró 50 años, desde los años 1910 hasta los años 1960, su vanidad, sus métodos dictatoriales, la idiosincrasia de su estilo y la obstinada devoción por su propio arte hicieron que su producción resultase menos prolífica de lo que hubiese podido esperarse. De hecho prefirió la calidad a la cantidad.

Frank Rikovicz

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