Michael Haneke

Publicado: enero 22, 2010 en Uncategorized

Me gusta pensar en las películas de Haneke como experimentos sociales. Es inconfundible su visión violenta, la capacidad tremenda que tiene para incomodar y hacer reflexionar al espectador. Si se tiene la oportunidad de ver una cinta de Michael Haneke en el cine, es importante ver la reacción de todas las personas estén en la sala en ese momento. Algo similar me pasó en el Cine Doré hace un par de años cuando fui a ver Funny Games: el realismo, la frustración, la barbarie que aparece como consecuencia inmediata, lo irritante de los personajes y la confusión  mental que provocó en mí aquella cinta, es un reacción inconfundible que no cambiaría por nada, a partir de ahí me interesé en el trabajo de este director y se ha vuelto una de las figuras más importantes dentro de mi videoteca mental.

Es directa la intención de Michael Haneke para provocar un distanciamiento entre el espectador y los personajes. Cómo lograr sacarnos de nuestros convencionalismos y meternos en mundos en los que todo puede suceder, incomodarnos al grado de ya no querer seguir mirando, o querer apresurar el final de una tragedia inminente.

Rechazando lo que considera convenciones estándar de tiempo, construcción del suspense y continuidad lógica, Haneke no teme llegar a ser aburrido, irritante o frustrante. Sus películas son consideradas como muy inmediatas y realistas sin ser simplistas. Es muy posible que trate acerca de una sociedad que no sabe cómo amar —o en todo caso cómo odiar— y sus películas son en diversos modos un intento por afinar los sentimientos del público y sus respuestas hacia el mundo. El ritmo de sus filmes es lo más particular: no necesita extender más de lo ordinario la duración de sus narraciones (generalmente sin verdaderas intrigas) o sus planos, incluyendo en la mayor parte de sus obras periodos de inacción, de vacío, de frustración y de irritación. Es, sobre todo, en la representación de la violencia en lo que el cineasta innova, sin estilizarla ni volverla espectacular. Sin exuberancia, la barbarie aparece en la progresión dramática misma de cada uno de sus filmes de manera estructural. Es, por otra parte, a menudo más sugerida que verdaderamente mostrada, manifestada sin subrayado alguno y generalmente jamás está justificada o motivada, lo que vuelve su puesta en escena aún más seca y brutal. De manera implacable el realizador busca sin cesar poner al espectador en una situación incómoda, alterando las maneras tradicionales y su manera de percibir o de recibir una obra cinematográfica. Deseando provocar reacciones vivas y emotivas, Haneke intenta interrogar sobre la responsabilidad del testigo ante las escenas expuestas, planteando cuestiones de orden social, político, histórico, cultural o moral sin jamás aportar respuestas claramente establecidas. Un trasfondo cultural y filosófico denso se percibe detrás de cada una de sus obras.

Funny Games es un remake de él mismo lanzado en 1997, la película intenta alejar la realidad de la violencia del concepto naturalizado que de la violencia vemos en las películas estadounidenses. De hecho, esta versión, tiene como único objetivo llamar la atención de todo aquel que no vio la primera. Tomando en cuenta la suprema interpretación de Michael Pitt.

Haneke ha trabajado en televisión‚ teatro y cine. En 2005 obtuvo el premio a la mejor dirección por su película Caché en el Festival de Cine de Cannes, así como el premio de la FIPRESCI y el premio del Jurado Ecuménico del mismo festival. Ese año Caché sería la gran triunfadora en los Premios del Cine Europeo con cinco galardones, entre ellos los de mejor película y mejor director. El 24 de mayo de 2009 obtiene la Palma de Oro en la 62ª edición del Festival de Cannes por su hasta la fecha último trabajo La cinta blanca. También queda ampliamente recomendada su primera cinta El video de Benny.

Me declaro seguidor irrefutable de Michael Haneke, su propuesta es redundante y violenta, es la definición de un cine amplio y con discurso, el cine real, que no se pierde en las cadenas comerciales, un cine que deja claras las sentencias del hombre y su violencia, siempre delicadamente interpretadas.

Michel Dorantes de Malliard



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