Bruce LaBruce “El pornógrafo Punk”

Publicado: diciembre 15, 2009 en Uncategorized

Bruce LaBruce nació en una granja en Canadá. A los 18 años se trasladó a Toronto para estudiar cine. Allí dirigió el legendario fanzine J.D.’s, polo de la escena queercore norteamericana. “Delincuentes juveniles”, “James Dean”, “J.D. Salinger” y “Jack Daniels” se cifran, según el propio LaBruce, en las iniciales “JD” que interactúan así con el punk, las culturas jóvenes, gays y lésbicas contra las imágenes estilizadas de la homosexualidad en la industria cultural dominante. Esta hostilidad cargada de ironía aparece en sus cortos en el cruce entre las estrellas pop y el fetichismo de los medios de comunicación con las celebridades decine porno y la impronta del camp. En cada film se explota a sí mismo como estrella, haciéndose objeto de burlas y motes, interviniendo en las escenas de sexo explicito: «Todo lo que es explotable de uno es industrializable». De hecho su nombre, adjudicado por la cineasta Kathleen M. C., es la reduplicación del atributo “Bruce” que en el inglés de la década del 50 se usaba como “marica”.

En No Skin Off My Ass cita y reelabora el film de Robert Altman That Cold Day in the Park: la historia de una maestra soltera que se enamora de un joven delincuente. Bruce interpreta a un peluquero con los ojos delineados a lo Mapplethorpe, obsesionado con losskinheads. Al mirar sus cabezas peladas dice en susurro: « El único corte de pelo que tiene sentido hoy». Cuando finalmente se produce las escena sexual, el peluquero Bruce la filma en super 8: «Supe que nunca se lo iba a mostrar a nadie, era demasiado personal», dice. Así, LaBruce pone en escena la fetichización de la cámara, particularmente la del super 8 (se oye el rodar permanente de la cinta, se ve la granulación del blanco y negro): «Si quieres estar en mi vida tienes que estar en mi película». Esa sería la frontera entre su cine y la pornografía: no la mirada del voyeur sino la del director dentro del cuadro. En tanto experimenta con la industria, la televisión y los efectos sonoros en contrapunto con la imagen, LaBruce interpela lo que se puede mostrar en una escena de sexo. De allí la filiación que se le adjudica, y que acepta, con Kenneth Anger, Jack Smith, Andy Warhol y Paul Morrissey.

En 1996, su elenco punk se traslada a Hollywood para el rodaje de Hustler White donde dirige con Rick Castro. El film se abre con una cinta de Sunset Boulevard: el actor Tony Ward (modelo fetiche de los videos de Madonna) flota boca abajo en un jacuzzi; su voz en off da inicio al flashback que constituye el cuerpo de la película. Una vez más, la furiosa ironía de Bruce cae en primera instancia sobre él mismo, en su interpretación del viejo antropólogo Jurgen Anger. A partir de allí, la Babilonia de Hollywood con su calculada economía pornográfica estalla. La proliferación de lo grotesco le devuelve a la ciudad sus jugueteos inocuos de sexo y dinero canibalizados por el punk. En contra de la estilización de la cultura gay posterior a Stonewall, la cinematografía de LaBruce rechaza la aceptable imagen de la subcultural unida a la estigmatización. Los cruces entre lo punk, lo skin y lo queer desmontan los límites a partir de los cuales la cultura construye identidades. A la consigna del punk «no hay futuro», Bruce LaBruce responde «el futuro es el porno».

Su última cinta Otto, es un reflejo máximo y alterado del cine B, con un zombie gay que intenta buscar el amor y algo de comida. La sátira y el emblema de la generación de LaBruce, se han lanzado uno a uno para devorar de una sola vez toda la prestigiosa producción que se pueda hacer en Hollywood. La cinta, que contiene escenas de seco explicito, es una caída y llegada a lo peor del ser humano, y con la intención homosexual se refleja en una única forma de generar un arquetipo perfecto. Así es el cine de LaBruce, un género que se ha ido desencadenado para mostrar lo que jamás querías ver. Una última y esencial forma de romper con todos los paradigmas establecidos y generar dentro de todas las comunidades sexuales, una única manera de arte visual y sexo duro. Definitivamente Bruce LaBruce es el nuevo camp, el estallido de la sexualidad y el morbo, el creador arquetípico de toda una generación hasta ahora.

LaBruce, actualmente cuenta con varias secuencias fotográficas que valen mucho la pena. En el MOMA se inauguró recientemente una exposición con estas fotos, que al parecer causaron pánico y un par de arcadas.

Salomón Nataniel

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