Abel Ferrara, El vampirismo filosófico

Publicado: noviembre 3, 2009 en Culto

Ferrara

 

Anoche tuve una pesadilla, una de esas pesadillas en las que te ves sumergido y rodeado por personas que no son de naturaleza humana, aunque aparentemente se ven como humanos, se sabe que hay algo dentro de ellos que los vuelve monstruos terribles; era en blanco y negro. Sabía que la persecución de aquellos seres ya me había ocurrido, fue una especie de deja-vú entre sueños. Y justo al momento de despertar me di cuenta de que me encontraba dentro de una película del Sr. Ferrara. Me aferré a la idea de que la cinta de la que yo era protagonista era Adicción, y no dejaba de hablar de Wittgenstein mientras un par de hombres vestidos de negro me acechaban para devorar mi cerebro. Una simple y vertiginosa idea de que el cine de Abel Ferrara es una verdadera muestra de lo que se puede hacer con vampiros y filosofía.

El cine de género se ha nutrido de infinidad de malvados personajes que, hasta nuestros días, siguen cautivando a los espectadores de todo el mundo; si bien Hollywood dio el puntapié inicial, con el correr de los años, no hizo más que practicar pequeñas variantes en toda la filmografía que hoy conocemos, ya sea en lo que respecta a horror o thrillers.

El director Abel Ferrara rechazó estas convenciones y dotó a sus personajes de una psicología propia y personal: sus obsesiones más frecuentes surgidas del mismísimo Ferrara. Es entonces que nos enfrentamos a un cine de autor, que gira permanentemente alrededor de una ruptura constante de los convencionalismos del cine de géneros.

Muchos podrán culpar a Ferrara de ser excesivamente violento y descarnado a la hora de presentar sus historias; pero lo cierto es que, para este director, todo proceso de purificación viene gestado por estados de culpa y castigo; autoproclamado como católico ferviente, la condición de redención del ser humano puede darse si previamente se ha descendido hasta los más profundo del ser; cuestión no casual es que todos sus personajes son llevados a actuar en contextos en donde su paulatina destrucción permite ser justificada.

En casi toda la filmografía de Ferrara, la violencia se establece como hilo conductor de sus historias; rasgos comunes presentes en sus films son tales como la dificultad en establecer una línea divisoria entre paranoia y lucidez o la agonía espiritual como camino único de salvación. Todo conduce a un destino de autodestrucción, lento, en forma de curva descendente, una ruta invadida por todas las manifestaciones imaginables de la degradación humana.

Tanto en El asesino del taladro como El ángel de la venganza, por ejemplo, podrían catalogarse como slasher movies (films de asesinos seriales) y, aún así, existe un quiebre en la convención de este género dado por las particularidades de las víctimas del personaje central. En el caso de El asesino del taladro, las víctimas y el criminal no conforman fuerzas antagónicas que representen una noción absoluta del Bien y el Mal, tal como se estructura en los films de género; el protagonista, es un ser lúcido y con la necesaria cuota de sensibilidad, mientras que sus víctimas son presentados como individuos inestables y marginados. Es entonces que el asesino, funciona como figura de identificación para el espectador, que en el afán de fundamentar los razones de la psicosis, termina por justificársele todo su accionar. En El ángel de la venganza, esto es todavía más radical: el psicópata asesino es una mujer recién violada, que mata sistemáticamente uno por uno a los hombres que la asedian y que incluso considera amenazantes. En ambos casos, los personajes, justifican su existencia más allá de sus acciones; inmersos en un infierno cotidiano, no hacen sino actuar en consecuencia y, para Ferrara, esto significa descender moralmente y emprender así el camino de la salvación. Pero en donde más se profundiza es en Príncipe de Nueva York y Un maldito policía, donde sus antihéroes poseen una ética más sólida que la de muchos de sus antagonistas.

The Addiction es una continuación de lo ya expuesto; aquí la protagonista, estudiante de filosofía con características vampíricas, participa de una metáfora un tanto explícita para referirse a todo tipo de adicción. Su deseo constante de sangre hace incrementar su descenso hasta llegar a entender la esencia humana gracias al entendimiento de las teorías filosóficas (Heiddegger, Nietzsche, Burroughs y Sartre aparecen constantemente como puntos de referencia) que, siendo mortal en sus inicios,  estudiaba y le parecían inescrutables. Aquí la maldad es inherente al hombre, por tal motivo, el hombre tiende hacia el Mal; las preocupaciones religiosas y la reflexión sobre la culpa y la redención son constantes a lo largo del filme: existe un idea positiva en el hecho de sufrir, ya que para redimirse habrá que aceptar el dolor y la culpa y de esta forma se obtiene el verdadero perdón.

Frank Rikovicz

 

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